2. Las memorias como género literario: concepto, generalidades

   

2.4. Taxonomía de la vida

 

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¿Qué es la vida, sino una bomba de relojería? Queda un poso: la sensación de haber malgastado la juventud, perdida por no haber hecho todo lo que se podría haber hecho: desde follar hasta estudiar o beber, vivir… No sólo está lo que uno hizo, también la posibilidad infinita de la vida como potencia. Cuanto pasó de largo deja un regusto amargo: quizá no se quedó por la propia culpa. La vida, mi vida, podría haber sido de tantas otras maneras…

Uno no sabe que su vida es excepcional hasta que la compara con otras.

Lo cierto es que hay muchas formas de muerte y a veces la vida es una de ellas. Es la vida como no-vida, como ausencia de vivencias: una vida en negativo, casi como las fotografías. Con esa sensación de que el mundo está descolocado: como torcido, o fuera de sitio… Lo que pudo ser y no fue: sin duda esto último demuestra que no pudo ser.

Envejecer es un sacrificio sin sentido cuando no hay hijos que lo aprecien, porque los días transcurren para una especie de vejez que más parece embalsamamiento. Cae sobre tu vida el martillo del tiempo con todo su peso, deformando la materia y machacando el alma. Al fondo del túnel: sólo negro. No hay solución de continuidad. Los hijos son algo más que proyección de futuro, son proyección de esperanza: escribir con tinta verde.

La cabeza sólo es un multiplicador, una calculadora, un exponente que convierte en potencia a la experiencia. De nada serviría una mente milenaria multiplicándose por cero, como tampoco una experiencia inmensa para una mente bajo mínimos: en ambos casos el resultado sería similar a la Nada.

Por eso el consejo es claro: acumula experiencias, pero también amplía la mente. El resultado sin duda será exponencial.

Al fin la experiencia es esto: la vida te va ensuciando, te sientes sucio por dentro y ya nada vuelve a ser lo mismo. Aprender otorga sabiduría, pero te inunda de desencanto, pues te convierte en contenedor y agrupa conocimiento, pero priva de inocencia.

Mi historia, mi vida, fríamente analizada podría dividirse en siete secciones: organización, comunicación, formación, finanzas, laboral, jurídica, acción social. Esta proyección externa de mi personalidad, este rompecabezas desordenado y descompensado de los distintos compartimentos, de las distintas facetas de la vida: literatura, otras artes, activismo social, confidencias, sexo, amistad, profesión, ocio, conversación.

Todo nos indica que cada vida es infinitas vidas transparentes, superponiéndose. La sentimental, la académica, la familiar, la intelectual, la religiosa, la cultural… hacer biografía significa descubrirlas por separado y analizarlas en conjunto, para desentrañar sus verdaderas esencias sin dejarnos llevar por la intención del protagonista: ése actor que pretende pasar por personaje. Todas juntas me constituyen, sin duda, pero ¿me agoto en eso? ¿Mi ‘yo’ se acaba ahí?


 

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