6. Pro-boca-ción

   

6.1. b)

Algo que declarar

063

 

 

Si mi vida hubiera sido de otra manera, quizás ahora os necesitara… Claro, que en ese caso seguramente no estaría escribiendo estas líneas, porque los surcos de la existencia son caprichosos e inescrutables: imposibles de ser adivinados, menos aún por las mentes adocenadas que llenan, atestan el planeta. Seguramente nadie comprende lo que quiero decir con esto; puede que incluso ni yo mismo alcance a semejante lucidez… pero queda dicho.

El entorno es simplemente deprimente: todos en lo mismo… ¡yo me niego! Cada uno queriendo comerse el mundo juvenilmente, para después resignarse a la impotencia, reconociendo cómo las fuerzas del mundo les superan… hasta llegar a la archiconocida actitud de la existencia como cansancio, como trámite hacia la muerte: esperándola como bendición del descanso.

¡Qué fácil resulta escribir muerte en el teclado!…

Ni siquiera paseáis, sino que deambuláis sin otras preocupaciones que emborracharos por aburrimiento y pasar las resacas para experimentar con el cuerpo. Yo también fui de esta ralea, uno de vosotros, pero ahora, perdida la juventud, maldigo todos los nombres que comienzan por mar. Todos alguna vez hemos quemado contenedores y ahora somos los ciudadanos respetables que con sus impuestos pagan los contenedores nuevos; quizá por eso cada una de aquellas experiencias extremas me colocaba un poco más cerca del hartazgo. Nada ha cambiado, sin embargo. Nos gusta ver cómo los queman, igual que nos gustaría ver arder a los políticos que lo prohíben.

En la soledad de mi tarde lo contemplo: manos manchadas de tinta, un delito de sangre azul por el que cualquier futuro me juzgará, siempre en rebeldía. No es que esté más allá: es que el bien y el mal me la sudan… lo que es decir: soy malo.

Tened en cuenta que utilizo el autoataque y la autodefensa como formas de supervivencia.

Podréis profanar mi cuerpo infinitas veces, para eso habéis inventado innumerables estrategias y están a vuestro servicio todos los mercenarios de la ciencia. Incluso tenéis en vuestras manos el poder, muchas veces políticamente incorrecto[1]: a vuestro alcance innumerables herramientas con las que vuestro brazo corrupto extiende sus tentáculos por todos los universos[2].

Pero el asedio que ejercéis constantemente no os servirá de nada con mi mente, por ser una parcela que os está vedada. A lo largo de los años he ido perfeccionando técnicas para sobrevivir: impermeabilizando por ósmosis inversa este cerebro que se os niega; por eso (y por mucho más) es tiempo perdido, para este montaje no podéis contar conmigo.

No es cuestión de heroísmo, más bien de supervivencia… o de indiferencia. Vuestros valores más elevados resultan calderilla, no sé… quizá sea cuestión baladí, que dependa de vuestra importancia o impotencia, que vienen siendo lo mismo. Los creyentes le dicen “encomendarse a Dios”, pero yo más bien Le invocaba como un conjuro profano, esperando una justicia cósmica consistente en la prolongación de la vida, de la agonía: el espíritu de la vida.

O puede que sea yo quien –defectuoso– permanezco frío ante vuestras ofertas. Nada tentador, en todo caso, para quien ha desertado hace tiempo de vuestro mundo del pecado.


 

[1] Aunque eso os deja indiferentes.

[2] Habidos y por haber: posibles e imposibles, pasados y futuros.

 

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