Vicen

Ref. Joaquín Marqués

 

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Ante  todo, desde el primer momento, quedaba claro que Vicen Ref. Joaquín Marqués era un tipo resolutivo. No sé, simplemente la conversación ya dejaba clara su seguridad en la comunicación: transmitía la sensación de saber lo que tenía entre manos; después, reflexionando un poco… te dabas cuenta de que no podía ser de otra manera, todo encajaba.

Profesionalmente Vicen Ref. Joaquín Marqués se dedicaba a lo que se denomina “trabajos verticales”: cualquier faena que se desarrolla en las alturas, desafiando las leyes de la gravedad (la externa y la interna, no es algo sólo físico: que se lo pregunten a quien padece vértigo). Esto incluye variadísimas tareas, como bien pueda averiguar cualquiera a poco que investigue por Internet… desde remodelación en fachadas de edificios hasta trabajos de restauración en puentes o viaductos, pasando por revestimientos de la falda de una montaña, fijando las rocas con malla metálica. Son sólo algunos de los ejemplos para intentar transmitir con palabras lo que decía antes: que tiene que haber por fuerza una energía interna en las personas que se dedican a ello, no sé: algo así como una estabilidad o equilibrio metafísico que les permita desarrollar esa tarea física sin ningún problema.

Y Vicen Ref. Joaquín Marqués era uno de estos tipos, pero no supuraba arrogancia ni emanaba superioridad de ninguna clase, simplemente transmitía la sensación de que aquello era lo suyo, como lo tuyo podía ser otra cosa, pero no había una por encima de la otra. Cuando le conocí corría el ’94 y yo necesitaba un lugar provisional en el que quedarme unos días en Djizaks, mientras arreglaba las burocracias propias de mi toma de posesión como profesor interino durante el curso siguiente. Joaquín Marqués me puso en contacto con Vicen Ref. Joaquín Marqués, recomendándole que me acogiera en su casa, como así lo hizo. Amablemente los inquilinos de aquel piso me ofrecieron habitación durante unos días. Allí vivían Vicen Ref. Joaquín Marqués, su novia y Patri Ref. Joaquín Marqués, una ex de Joaquín Marqués con más vocación literaria que talento para las Letras e incapaz de trabajar productivamente; con ella habían llegado a un acuerdo provisional: alojamiento a cambio de marujeos. Vicen Ref. Joaquín Marqués ejercía de cabeza de familia no patriarcal.

Vicen Ref. Joaquín Marqués y yo charlamos unas cuantas veces en armonía, intercambiando impresiones sobre la vida en general y nuestros respectivos trabajos en concreto. Buen rollo al estilo post-hippie: entre humaredas de porros, whisky y toneladas de humor. Por fortuna mis obligaciones no me hicieron permanecer muchos días allí… pero fueron suficientes para conectar con aquel grupo en conjunto amistoso y generoso[1]. La visita me dejó tan buena sensación que llegamos a comentar anecdóticamente algo sobre el jamón y los cerdos de mi pueblo a raíz de mis orígenes geográficos y como agradecimiento prometí llevarles un jamón, para sellar aquellos inolvidables días… infinitamente más fáciles para mí gracias a su hospitalidad.

Cada uno siguió con su vida: Vicen Ref. Joaquín Marqués escalando alturas inverosímiles y yo explorando cuevas inusitadas, con forma de adolescente cabeza humana. Más tarde me enteré por Joaquín Marqués y la propia Patri Ref. Joaquín Marqués que aquella relación doméstica que mantenían en el domicilio se había ido deteriorando hasta acabar como el rosario de la Aurora. Como suele suceder entre amigos que empiezan a vivir juntos: su relación era simbiótica, un pacto. A cambio de manutención, Patri Ref. Joaquín Marqués ejercía de maruja a la espera de tiempos mejores. Como era de prever, aquello funcionó sólo al principio[2] y acabó de mala manera; aunque eso fue más adelante, cuando yo ya me había marchado… Vicen Ref. Joaquín Marqués se sentía estafado[3] y Patri Ref. Joaquín Marqués se sentía explotada[4].

Suele ocurrir cuando las relaciones de amistad pasan a ser laborales: descontentas todas las partes implicadas: algo así me pasó a mí en Kagan unos años antes con Eugenio LEJÍA. Ejercer de Polidori requiere mucha mano izquierda por ambas partes y parece que tampoco era su caso…

Alguna vez de las que pasé por Djizaks posteriormente, invitaba a Vicen Ref. Joaquín Marqués a tomar una caña y compartíamos un ratillo de risas… Cuando por fin ya estaba asentado en mi domicilio definitivo de Djizaks, en una de mis excursiones de fin de semana: me subí un jamón en el autocar, para que tuvieran una jugosa demostración de mis agradecimientos. Joaquín Marqués se partía la caja imaginándome con “la guitarra” a mi lado (como le llamaba Joaquín Marqués al jamón) recorriéndome los cientos de kilómetros, como así hice en efecto. Toda una hazaña, teniendo en cuenta la distancia: siempre acechando para que ningún indeseable me lo robara. Me presenté en casa de Vicen Ref. Joaquín Marqués y le entregué el jamón: no daba crédito cuando lo vio, claro… no podía creer que alguien llegara a cumplir una promesa como ésa: cosas que a uno le salen de dentro. Si no lo hubiera hecho, tampoco habría pasado nada. Pero era de justicia y así se lo hice saber: una forma de gratitud que compensaba el mal trago de mi invasión temporal. Para mí fue un desafío que me hice a mí mismo para intentar superarme… con la intención de llegar algún día a rozar el cielo: envidia de vertiginoso por los trabajos de altura.



[1] En él también se incluían el resto de los habitantes del piso: la novia de Vicen Ref. Joaquín Marqués, una profe de música…

[2] Se trataba de una variante de lo que en mi caso había sido la figura de Polidori. Sólo que en esta modalidad, había múltiples factores peregrinos que acabaron convirtiendo la situación en bomba de relojería.

[3] Veía escaqueos de Patri Ref. Joaquín Marqués a todas horas.

[4] Veía exigencias en cualquier instrucción que recibía.

 

 

 

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