Jacinta

HUMOS

 

Kagan

´70

´98

410

             

 

Durante muchos años su cuerpo y mi deseo estuvieron separados sólo por una plaza.

Desde pequeño yo había estado enamorado de Jacinta HUMOS de una forma idealizada. Como sólo pueden transformar la realidad los ojos de un niño. Después los ojos del adolescente que fui continuaron con la tradición y la comodidad del “amor-en-la-distancia”.

Sin duda lo mejor de un amor teórico es no tener que ponerse a prueba. Dar por supuesto el hipotético éxito en caso de llegar a consumarse. Por eso mismo el amor platónico en tanto que teórico siempre es perfecto. Lo modelamos a nuestro antojo como la escultura que es, la obra de arte que nos llena la vida.

La nuestra fue una relación guadiana: con sus apariciones y sus etapas ocultas. Durante unos años fuimos colegas en la misma pandilla infantil de verano, en Kagan… mientras la Naturaleza nos iba haciendo crecer ante nuestra sorpresa. Después etapa de oscuridad, alejamiento. Hasta que la casualidad quiso que volviéramos a coincidir, ya en Samarcanda. Su hermana Agustina HUMOS era la pareja de Andrés GHANA, mi compañero de clase.

Con ese reencuentro retomamos aquella relación de dominio. Jacinta HUMOS la ejercía sobre mí abusando de la incondicionalidad de mis sentimientos, disfrutando de aquella posición tan cómoda[1]. Nuestra relación fue únicamente epistolar durante algunos años. Sin que yo supiera trascender el plano teórico ni ella lo pretendiera. Noches maracandesas con desencuentros entre copas, ideas pululando como burbujas en aquel universo alcohólico y desesperado (adolescente, juvenil). Éste sería el resumen adecuado para una época excesivamente larga.

Cada uno continuamos nuestra vida particular por separado, con cónyuges respectivos más o menos exitosos… Pero mirando de reojo (al menos yo) nuestras asignaturas pendientes. La infancia resonaba en mis recuerdos como una letanía que más bien era lejanía. Jacinta HUMOS había sentido por mí durante muchos años una especie de atracción mental, que se combinaba con la indiferencia que le sugería mi cuerpo.

Hubo algunos sucesos determinantes para que la situación cambiara radicalmente. Uno de ellos fue la presentación de Los cuadernos del Soplagaitas, velada en la que Jacinta HUMOS decidió ponerle vallas al territorio que delimitaba mi cuerpo. Por mi parte se trató de una noche con gran inspiración poética y antropológica, según parece[2]. Lo cierto es que de aquel suceso salimos todos “tocados”, sin ninguna duda.

Éramos vecinos y al volver a casa… Jacinta HUMOS se amparó en la relación de pareja con su novio de entonces[3] para finalizar la noche entre nosotros con sólo buenas palabras. Por mi parte al volver a casa: me encontré con Seco Moco y su amiga Palmira Ref. Seco Moco. Entregados a los números raros. Terminamos haciendo un trío sin mayores consecuencias. Con aquel plato de segunda mesa sólo conseguí desfogar mi calentura… entre las paredes de la casa que me había visto nacer.

Tras aquel episodio hubo un largo periodo de incomunicación. Jacinta HUMOS con su novio mafioso de entonces. Yo con la mía de la época, Dolores BABÁ. A raíz de un desencuentro con saludo no visto, Jacinta HUMOS pensó que yo decidí dejar de hablarla por respeto a mi novia. Un malentendido, pues nunca fue así[4].

Pasaron los años y las cosas cambiaron mucho. Hasta el punto de que para fines del ’97 yo quedé desparejado y Jacinta HUMOS también. En su fuero interno se pensaba agraviada por mí, debido al malentendido del saludo… y eso le hacía jugar a los desencuentros.

Era la época de La Tapadera. Yo salía de copas por El antro de Judas y otros lugares que se convirtieron en comunes, pero a diferentes horas. Lugares de desencuentro. A la sazón Jacinta HUMOS había empezado a salir con Alejandro Marcelino BOFE, quien en sus ratos libres ejercía de personaje impresentable incapaz de dar la talla como artista[5]. Pero también resultó ser un machista[6] que practicaba la violencia de género. Supongo que este detalle la alejó de Alejandro Marcelino BOFE.

El fuero interno de Jacinta HUMOS… o su furor uterino decidieron darle una oportunidad a mi solicitud, que se encontraba apolillada desde hacía años en la bandeja platónica… Imagino que más que nada, para ver qué pasaba.

La pasión de Jacinta HUMOS por los bocatas resultaba bastante incompatible con su resuelta decisión de mantener la línea. De convertirse en una sílfide. Algo que la Naturaleza le había negado. Su fenotipo era “neutro” por así decirlo. Alejado de los cánones estéticos femeninos. Algo que a mí nunca me había parecido suficientemente importante a la hora de relacionarme con Jacinta HUMOS. Ni durante los infinitos años que tuvimos una relación puramente platónica, ni durante el lapso carnal de nuestro encuentro mundano. La primera etapa duró hasta el ’97, la segunda unos breves meses.

Tras múltiples veladas de charla con las que fuimos recordando viejos tiempos y aclarando malentendidos, una noche acabamos rompiendo el tabú que nos separaba[7]. Follando en casa de Andrés GHANA y Agustina HUMOS. En silencio, eso sí, porque dormía la hija de ambos.

Así empezó una relación sexual con extensiones de vida real. Un sueño (el mío) hecho realidad en la materia[8]. Para Jacinta HUMOS sólo era una muesca más en la culata de su arma de fuego. No comprendió adecuadamente lo que significaba para mí hacer realidad un sueño.

Recuerdo uno de aquellos días, cogiendo número en la frutería: el 69… Me veo pequeño y vulnerable.

Mientras se iba definiendo nuestra relación, con el paso de las jornadas… Jacinta HUMOS respondía a mis infinitas atenciones con la distancia requerida. Con el fin de que no me extralimitara. Para sojuzgar la relación bajo su control. Mantenerme alejado del centro de su corazón, que nunca fue mío[9]. A la vista de semejantes intenciones, mi interés sentimental me llevó por otros derroteros: tensar la cuerda para ver hasta qué punto Jacinta HUMOS pensaba que merecía la pena continuar.

Una noche, tras follar con Jacinta HUMOS… un rato después me enrollé con Esme Tûrtkûl, quien a la sazón estaba en mi casa para hacer al día siguiente un mercado medieval. Bajo el mismo techo que me había visto nacer…

Cuando llegó el instante que clarifica eternidades ya era tarde.

Aquella noche el tesoro de Jacinta HUMOS se había convertido en calderilla. Como una comida exquisita que ha caducado. Un manjar rancio.

Aunque yo no lo quisiera… el paso del tiempo había devaluado infinitamente aquel presunto paraíso. Más que nada porque acompasar es un misterio. La coincidencia va más allá de las casualidades y reside en una armonía de dimensiones.

Aquella noche Jacinta HUMOS y yo habíamos hecho el amor en mi casa. Es probable que fuera la única ocasión en la que aquel paisaje acompañó nuestro viaje. Puede que simplemente se redujera todo a que “el encuentro promete más de lo que da el abrazo”, como dijera Rof Carballo. A pesar de lo eterno, el inigualable instante llegó a su fin. Jacinta HUMOS recorrió una vez más aquella plaza… para parapetarse tras la excusa de su familia.

Me invadió un desconsuelo desamparado: el de quien está siempre disponible para la volubilidad ajena, para el capricho imprevisible de quien ejerce un poder que cree absoluto[10].

Aquella noche para mi fortuna, para mi liberación en mi propia casa… en un recodo de la oscuridad estaba aquel barco pirata que era Esme Tûrtkûl. Atestado de bucaneros, con su impensable botín de placeres y carne imprevisible. Regalando colores y paisajes que hicieron más evidente que nunca la quincalla del otro cofre.

Cuando días más tarde el cuerpo de Jacinta HUMOS llegó para satisfacer mi deseo, ya era tarde… además de llegar envuelto en un falso disfraz de entrega. Aquel atuendo de Jacinta HUMOS era sólo parte de una estrategia, la suya, fríamente planificada. Dilatada muchas veces por el gesto insincero de quien no puede retener la repulsión de un beso.

Aquella noche clarificó sin duda un panorama hasta entonces oscuro, incierto. No es que mi intención fuera simplemente sacar rentabilidad sexual del asunto. Si hubiera sido así, habría aprovechado la coyuntura a la mañana siguiente, entre resaca de dos sexos. Para ofrecer mis productos a la tercera en discordia, una Rubia yankee que confesó[11] haberse puesto cachonda con mis tejemanejes a dos bandas la noche anterior.

Quizá todo habría terminado siendo un panorama de alienación erotizante que prefiero no imaginarme… ¿o sí?

Jacinta HUMOS (me) besaba como quien va al dentista: con un asomo de dolor/repulsión terapéutico.

A partir de entonces dejé libres mis alas y volé en un triángulo de 4 vértices. Mientras seguía con Jacinta HUMOS empecé a simultanear aquella relación con otras dos. Por un lado con Esme Tûrtkûl y por otro, con Nadia HIPO[12]. Durante una temporada fui esa figura mítica del hombre que tiene tres novias a la vez. Durante las semanas siguientes aquella experiencia fue demoledora para mi ánimo. Conjugar tres relaciones en la misma vida, una poligamia de ese calibre… quema el corazón más preparado. Se necesitaría ser un desalmado.

A pesar de que Esme Tûrtkûl lo sabía, le resultaba indiferente siempre que hubiera goma de por medio. Sólo pretendía darle celos a su novio, Satur ARCO. Me utilizó igual que yo lo hice con ella. Por así decirlo fue una utilización mutua. Una simbiosis con la excusa del sexo… sería difícil decir quién salía más beneficiado de los dos.

Por su parte, Nadia HIPO prefería ignorarlo. Mirar para otro lado. No sé si estaba enamorada de mí, pero yo desde el principio fui sincero y le hice saber que no era mi caso hacia ella.

Cuando Jacinta HUMOS llegó a tomar conciencia aproximada de cómo estaban las cosas, decidió firmemente dejarme. Por otra parte es lo que yo había estado forzando… una toma de postura por su parte. Según dijo, por un chaval de Khanka que tenía un Audi A4.

Llamé su atención para que reinventáramos todo de nuevo…

 

MI PUENTE DE DESPEDIDA

Pienso en todo lo que nos acerca y todo lo que nos aleja, pero no como una balanza. Ayer, tras tu partida, he intentado dormir un rato sin lograrlo del todo. Al despertar, la habitación estaba llena de tu perfume, como en otro tiempo cuando lo buscaba compulsivamente. He salido, convencido de que estabas aquí, a buscarte a tu habitación.

Sigo teniendo siempre presente tu mirada, tus besos son mi norte y quiero ser tu sangre; si además eres, río. Nada de eso ha cambiado, sólo hay una diferencia: no deseo tu asfixia y por esa razón me busco en alguien más. Convencido de que si me dieras todo lo que eres, no necesitaría más; pero (falta de tiempo, necesidad de adaptarte o rechazo de dolores conocidos) cuando te lo he pedido… te he perseguido contra tu necesidad de distancia y/o pensamiento. No podía ser.

Recuerdo con cariño y nostalgia la carrera hacia tu encuentro (aunque fuese breve y lejano en la distancia), mis tardes pensándote y el afán de sorprenderte siempre, hasta convencerte de que el oscuro pasado sólo fue un malentendido. Sé lo que significa no tenerte más que en el recuerdo y no quiero que se repita ese error, pues eres una de las personas más importantes de mi vida. Podemos darnos más tiempo, más planteamientos y reinvenciones: no creo que nos hayamos agotado el uno para el otro.

Por nuestra manera de ser, a cada uno por su parte nos gusta ser admirados, adulados y deseados. Si la vida tiene cuatro ratos, no tiene sentido privarse de deseos y amistades siempre enriquecedoras. Me gustaría contar con una especie de complicidad en ti, como si –todas las cartas boca arriba entre nosotros– nuestras respectivas vidas fuesen un aliciente más para estar juntos y ponernos al corriente de sus novedades. Pero sabiéndonos el uno para el otro un pilar básico.

No perder la libertad, ni las ganas de vivir (en sus dos facetas: juntos y/o separados), ni el sentido del humor o esa mezcla única de afecto, amistad, deseo, morbo, ternura y pasado que nos une.

Te ofrezco la posibilidad de algo así entre nosotros. Olvidar las manidas y tradicionales referencias en las que ni tú ni yo creemos (exclusividad, formalidad, celos y otras tonterías que esconden los verdaderos sentimientos), para sentar las bases de nuestro común futuro y cómo queremos que sea. No dejar pasar un tiempo que anquilose nuestras ganas de estar bien, ni magnificar bobadas para torturarnos. ¿Te atrae la idea? Sabes y sé cómo llegarme/te.

 

pero para Jacinta HUMOS ya era tarde. No estaba dispuesta al más mínimo esfuerzo. Así acabó aquel amor platónico venido a menos.

A Jacinta HUMOS le gustaba sentirse musa de artistas e intelectuales, inspiradora de mundos sublimes y alternativos… Quizá porque sólo era una vacaburra con disfraz y lo sabía.

Complacida y refocilada engañando a seres tan pretendidamente superiores. Las mayores aspiraciones de la existencia de Jacinta HUMOS se reducían a mera materia. Una buena moto, mucha pasta y un Audi A4. Como se puede imaginar, semejante Universo no aguantaba los embates de una mínima tormentilla intelectual. Menos aún el huracán típico de los momentos sublimes durante las pasiones.

Jacinta HUMOS jugaba al equívoco de las interpretaciones. Pero sus constructos vitales eran pura cáscara que salía a relucir en la mínima situación. Se le perdonaban los patinazos por aquello del beneficio de la duda… Pero con un poco de tiempo, acababa yendo por el sumidero. A parar[13] en un barreño de ínfulas podridas de inmediatez.

La tolerante (Nadia HIPO), la liberal (Esme Tûrtkûl) y la estrecha (Jacinta HUMOS)… las tres desaparecieron




[1] Jacinta HUMOS también había sido novia del hermano de Pablo CIEGOS. Sin embargo aquel extremo no llegó a acercarnos… sólo nos convirtió en rebotes absurdos sobre una vida-billar tan desconocida como imprevisible.

[2] Mi memoria me tiene vedada aquella velada con la excusa de neblina alcohólica.

[3] Un mafioso con apariencia de persona decente, pero tan aficionado a las motos como la entrepierna de Jacinta HUMOS.

[4] A pesar de que a Dolores BABÁ le habría gustado, pues para Dolores BABÁJacinta HUMOS siempre fue la rival con la que no se sentía capaz de competir.

[5] Véase su huida de La Tapadera.

[6] Esto de su ideología cavernícola ya lo sabíamos, aunque hubiéramos hecho la vista gorda.

[7] No era precisamente el himen.

[8] En Farghona es rubia y tiene los ojos azules… Un día la vi desde el autocar, ajena al mundo real… Ella creía vivir el mundo real…

[9] Entre otras cosas, por no tener moto.

[10] Lo sería si no se empeñara en esa absolutez para exprimir corazones ajenos, si fuera un pacto de igualdad aunque existiera el mandato, pero sólo como posibilidad.

[11] Ya limpio el horizonte de las dos anteriores pretendientes.

[12] Cada una por su lado, claro… soy un caballero.

[13] La pobre Jacinta HUMOS, ya sin humos…

 

 

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